Jue. Abr 25th, 2024

”Cacique Mulato, la leyenda de Chumjaluwun” podría definirse como una película pionera por diferentes razones.


Es un film realizado casi “cooperativamente” en Punta Arenas, región colindante con la provincia argentina de Santa Cruz; hablada en parte en el “ahoneko”, el idioma de los ahonikén o “tehuelches” o “patagones”.

En escenas aparecen, como pocas veces o nunca se ha visto, elementos y personajes míticos de nuestra historia patagónica binacional. El cacique Mulato, claro está, y su tío, el cacique Papón y antes, el legendario cacique Casimiro Biguá.


En nuestro programa “Semana Sur” (El Caletense Radio 98.5 Mhz), entrevistamos al director, Jorge Grez Leuquén, sobre el proceso de creación de la película, cuyo guion contó con el asesoramiento de Mariela Eva Rodríguez, una antropóloga santacruceña, especialista en el tema de los pueblos originarios de la provincia, y además, con el aporte de la comunidad tehuelche de Camusu Aike, que participan en un programa y taller de recuperación del ahoneko.

Entusiasmo por la historia de obreros, pueblos originarios y otras subalternidades


El entusiasta Grez Leuquén trabaja como productor del canal de la Universidad de Magallanes (Chile).
Lo interesante en la pre-producción es que, tanto la guionista Marisa Romero, como otros integrantes del equipo, trabajan en el Poder Judicial de esa región chilena, y además conformaron un grupo de teatro. Eso no es un dato menor. Ellos accedían a documentos de juicios de principios de siglo, y a partir de allí comenzaron a hacer reconstrucciones de la historia oculta de la región.

De hecho, Grez dirigió antes una película sobre acontecimientos sucedidos con la Federación Obrera de Magallanes, una protesta similar a la que había sucedido en Santa Cruz, esta última, como sabemos, derivó en la matanza de la Patagonia Rebelde.

Película para mostrar en las escuelas


Un elemento que destaqué y que Grez me agradeció por destacar es que el film tiene una intención no sólo de ficción, sino de representación documental, y hasta con un fin de difusión pedagógica. Por eso, han intentado ceñirse a los datos históricos y documentados.

En algunos momentos, la película se sale de la escena ficcionalizada para mostrar gráficos, mapas y animaciones sobre el proceso invasor de los gobiernos de ambos países, de acorralamiento y alambramiento del cada vez más pequeño territorio tehuelche.

“La película dura 90 minutos y está pensada para que tú la puedas dividir en tres partes, cada 30 minutos. Tú la divides en cada 30 minutos y puedes trabajar en dos horas pedagógicas en un colegio”, recomendó.


Volviendo al proceso de realización, Grez dio que ellos no hacen películas para ganar dinero, que la costearon con fondos regionales o incluso con sus propios fondos. “Una película de presupuesto medio en Chile cuesta alrededor de 250 millones de pesos chilenos; y este film costó apenas unos 28 millones de pesos chilenos”, reveló.
Otro objetivo del equipo es que las comunidades participen y aprendan a hacer películas, “por eso se convocó a gente magallánica para actuar, incluyendo a varios niños y sus padres, que participaron de extras o a aprender en la iluminación”.

“El cine no es solamente sentarse a ver una película, sino que debe ser un ente social, creativo, educador”, reseñó el director, en una feliz síntesis de su espíritu.

Como decíamos sorprende ver en pantalla a personajes históricos. Por ejemplo, en una escena está el comandante Luis Piedra Buena negociando con Casimiro para que declare que el territorio tehuelche es parte de la Argentina, a cambio de entregarle un título honorífico militar. Con eso, Piedra Buena se anticipa a las ambiciones del gobierno chileno.
Grez rió simpáticamente cuando le mencioné el acento forzado del actor chileno que hizo de Piedra Buena, cuyo resultado es más bien el de un porteño “versero” de los de ahora. “Varios nos dijeron eso en Gregores, Santa Cruz”, admitió, “y es la mayor disculpa que pedimos”.

Los caciques, zorros entre zorros

Le recalcamos que lo valorable del film, también, es el punto de vista: un punto de vista netamente tehuelche, y no de victimización, sino de lucha, negociación, dignidad. Al fin y al cabo, los caciques Biguá, Papón o Mulato tenían el deber de ser muy astutos, algo así como zorros entre los zorros, entre los “zorros” blancos que, además, venían con alambrados y armas.


En varios aspectos es un film valiente que muestra una historia que contrasta con lo “oficial” que suele contarse de ambos lados de los Andes.


“La película recorrió de todas las municipalidades de la región, y en varios lugares de Tierra del Fuego (zona de Chile) hubo reacciones encontradas. Por ejemplo en Porvenir la gente sintió vergüenza de ser hijos de colonos”, ejemplificó.
“En Puerto Williams hay un Alcalde que es de la derecha y fue increpado al término de la película; y allá hay yaganes o sea es otra etnia”, dijo, para comentar que la historia es la misma con tehuelches, selknam, yaganes o cualquier otro pueblo preexistente.
“Nos encontramos con los mismos hechos nocivos que estas personas (los colonos terratenientes) produjeron hace cien años, entonces hay una conexión muy importante yo creo con el habitante magallánico”, agregó Grez.
“En cuanto a la presentación del film en Río Gallegos, se hizo una presentación especial, y nos dimos cuenta cómo funcionaba la película en Argentina. Y se creó un lazo muy potente con la comunidad de Camusu Aike”, dijo.

En la charla radial, Grez se mostró muy a gusto de contar detalles que nos interesaban sobremanera. Si hubiera sido por nosotros, nos quedaríamos a hablar horas y horas, de escena por escena.


Por ejemplo, le recordé la escena, es una escena sencillísima, pero que tiene un valor de documento cultural enorme. Es cuando mujeres mayores enseñan a una niña a hacer un quillango, ablandando el cuero de guanaco. Las mujeres están fuera de un toldo, y está totalmente hablada en ahonekko.
“Y todo eso fue gracias a ese taller de interculturalidad del idioma originario que se hizo en Santa Cruz. Pero también hay otra escena con el mapuzungun, el país de las manzanas”, detalló. En esa escena deliberan Orkeke, Casimiro con algunos jefes mapuche, en el mismo viaje en el que participa el espía inglés Charles Musters.

En lo que respecta a planos, si bien por presupuesto hubo que “acercar”, y hacer planos cortos, hay algunos que se lograron hacer que son los de drones, sobre paisajes de meseta con piedra volcánica impresionantes. Grez me dijo que eso se filmó en Pali Aike. Una zona chilena pegada a la zona de Río Gallegos.

Otros atractivos del guion, quizás funcionando como una subtrama, es la que le sucede a una de las sobrinas de Mulato, que se enamora y es correspondida de Jimmy Radboone, pero que la “pierde” en una apuesta con el bandolero Montenegro. Esa historia también está allí, aunque sea en parte. Y durante la investigación del film se vio que en Camusu Aike, los Carminati, son descendientes de Juana, la mujer tehuelche apreciada, y que al final se queda con Radboone.


La música está creada por una banda regional que se llama Lluvia ácida, que investigó grabaciones en ahonekko, y con eso la loopearon, y reconstruyeron el koolo, instrumento tehuelche.


En la segunda parte de la película, la trama se centra en el viaje de Mulato hacia Santiago de Chile, para hablar con el presidente, para que cumpla con el acuerdo por las tierras que les habían delegado. Pero, el poder sólo se centra en complacer a los grandes terratenientes como los Menéndez Behety.
La viruela termina con los tehuelches de Punta Arenas. El último terreno que se les entrega es cercano a la Argentina. El último reducto al que los descendientes pudieron haber llegado es a Camusu Aike.

La película puede verse gratuitamente registrándose en esta plataforma del cine chileno:
https://ondamedia.cl/show/cacique-mulato-la-leyenda-de-chumjaluwun

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