Dom. Feb 25th, 2024

En una serie de artículos, exploramos el resurgimiento del western en la Patagonia argentina del siglo XXI. Más allá de ser un género cinematográfico, se revela el auge revisionista que aborda cuestiones esenciales de identidad, género y racismo. La reemergencia de identidades originarias que desafían las desigualdades presentes.

Puede surgir un western patagónico tal vez porque la Patagonia como territorio profílmico fue más tardío que otros lares del país (hay cine clásico nacional de paisaje campero, situado en el Noroeste, en el litoral, como el caso de las obras de Mario Sofficci de fines de la década del ‘30, principios de los ‘40, o cine del paisaje pampeano); y, tal vez, porque el resurgimiento de la Patagonia en las ficciones se está dando desde un auge revisionista sobre cuestiones de identidad, género y racismo. (Al menos hasta 2023).

Por esa misma ebullición de elementos, el western del extremo sur americano es el de las subalternidades silenciadas. Es la reemergencia de las identidades originarias, con una dinámica de “retorno al origen” para enfrentar un presente de desigualdades.

La reemergencia de lo tehuelche en Santa Cruz, por ejemplo, aparece con la modalidad de rescate y difusión en el cine regional de ficción y documental, como se verá en el ejemplo tomado del film “Cacique Mulato” (Grez, 2023); y lo mismo sucede con las otras naciones: mapuche, selknam, ranquel (rankülche).

Leer entrevista aquí:

http://docugonia.com.ar/2023/11/05/cacique-mulato-epopeya-del-cine-regional-que-retrata-dignidad-tehuelche-en-su-propio-idioma/

En simultáneo, en el país, otros pueblos que se consideraban extintos reclaman su derecho a existir como el caso de los comechingones en Córdoba, los diaguitas en Catamarca, o los huarpes en San Juan y Mendoza.

Esa necesidad de incorporación de los protagonistas silenciados, fue brotando de a poco, ante el empuje de la categoría “subalternidad”, a la cual -si bien con Antonio Gramsci había llegado a los académicos latinoamericanos en los ’70-, se le dio una posición más definida con Ranajit Guha y sus estudios poscoloniales.

La Escuela de Estudios Subalternos (EES o Subaltern Studies), a partir de los ‘90 asume como objetivo principal “relevar y revelar el punto de vista de los subalternos, las voces negadas por los estatismos que dominaron tanto la cultura colonial como la que promovieron el nacionalismo hindú y el marxismo, en sus posicionamientos políticos y en las historiografías que cobijaron”. (Modonesi, 2012).

Ese replanteo de la subalternidad de pueblos originarios llega a la producción audiovisual latinoamericana.

Este marco teórico-ideológico permitió otras narraciones del encuentro y conflicto entre elites y grupos sojuzgados.

La serie Malinche dirigida por Patricia Arriaga. La directora comentó: «Queríamos mostrar a una mujer indígena de aquella época, que mucho no han cambiado a lo que son hoy en día”.

Incluso en esos embudos de mercantilización de relatos que son las plataformas de streaming se avanza con personajes otrora silenciados. Circulan, por ejemplo, series sobre la conquista de México. Una se llama: “Hernán” (2019), y muestra desde intramuros la riqueza cultural y económica del pueblo azteca, días antes del genocidio; y en la otra, “Malinche” (Patricia Arriaga, 2019), vemos a una mujer atravesar las luchas internas entre aldeas, hablada en los idiomas originales.

Las subalternidades en el cine también resignifican las palabras que aparecen en documentos estatales provenientes de los avances coloniales.

Ese es un tema del cine documental del último lustro, la perspectiva del que no tenía voz. Así, en el film “Anunciaron tormenta” (Javier Fernández Vázquez, 2020), un locutor lee documentos con tono de burócrata, y detrás de las cifras y acciones se vislumbran atrocidades, que en otras escenas se evidencian con la voz en off de víctimas o descendientes de víctimas de un genocidio en Guinea Ecuatorial.

De manera gráfica, expositiva, con muchos elementos de edición, archivos y escenas ficcionalizadas, Raoul Peck, en la miniserie “Exterminad a los salvajes” (2021), exhibe masacres y las justificaciones de los blancos para cometerlas a lo largo de 700 años. Un documental de denuncia desde la entraña, donde también cabe su propia subjetividad. 

Fotograma de «El último perro», un melodrama de fortín de frontera pampeano-patagónica dirigida por Lucas Demare. Aún los pueblos originarios de Argentina eran retratados según convenciones y prejuicios del cine hollywoodense de los ’50.

En este marco teórico-fílmico, un western de la segunda década del siglo XXI, incorpora como protagonistas a personajes indígenas que antes cumplían roles de extras, de diálogos breves, de exotismo, acechantes contra las aldeas blancas, los fortines o las filas circulares de carretas; indios antagonistas entre las sombras, a tiro de bala, de lanzas y de gritos ululantes, verbigracia, el film gauchesco “El último perro” (Lucas Demare, 1956).

En próximas entregas de esta serie, mencionaremos el papel del Estado nacional argentino en los últimos años que promovió nuevos relatos sobre pueblos originarios, a través de programas como Renacer Audiovisual del Ministerio de Cultura de la Nación. Programas que, en épocas del ultraderechista Milei es probable que no existan más.

Autor: Marcelo del Valle Romero

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